Conoce el oriente de Asturias que no aparece en los itinerarios acelerados ni en los vídeos de «10 lugares imprescindibles». Deja el coche aparcado durante un rato, caminar sin un destino concreto, entrar en una tienda de productos locales, sentarse en una terraza donde los vecinos se saludan por su nombre o detenerse a escuchar el sonido del mar desde un banco frente a los acantilados.
El encanto de esta parte de Asturias no depende únicamente de sus paisajes. Está en la forma en la que los pueblos han sabido conservar su identidad, en la arquitectura tradicional que sigue formando parte del día a día y en la sensación de que todavía existen lugares donde el tiempo transcurre a otro ritmo.
Si estás organizando una escapada y quieres conocer algunos de los pueblos más bonitos del oriente asturiano, esta selección te ayudará a diseñar una ruta que combina costa, tradición, patrimonio y gastronomía. Lo mejor es que muchos de ellos se encuentran a poca distancia de La Llosa de Villahormes, lo que permite visitarlos sin necesidad de hacer largos desplazamientos.
¿Qué hace especial al oriente de Asturias?
Cuando se habla de Asturias es habitual pensar en montañas, playas y buena gastronomía. Sin embargo, el oriente posee una personalidad propia que lo diferencia claramente de otras comarcas.
Aquí los Picos de Europa aparecen en el horizonte mientras el mar Cantábrico rompe contra los acantilados. En apenas unos kilómetros es posible pasar de caminar por un sendero entre bosques a contemplar una playa salvaje o recorrer el casco histórico de una villa marinera.
Además, la mayoría de sus pueblos mantienen una escala humana. No son escenarios preparados para el turismo, sino lugares vivos donde conviven la actividad agrícola, la pesca, las pequeñas tiendas familiares y una forma de entender la hospitalidad muy característica de Asturias.
Precisamente esa autenticidad es la que convierte al oriente asturiano en uno de los destinos favoritos para quienes buscan algo más que hacer fotografías.
Llanes: una villa marinera con mucho más que un puerto
Hablar del oriente de Asturias sin mencionar Llanes sería imposible. Sin embargo, reducir esta localidad únicamente a su puerto o a sus playas sería quedarse en la superficie.
Llanes ha conseguido algo que muy pocos destinos turísticos logran mantener: seguir siendo una villa con vida propia durante todo el año.
Su casco histórico conserva restos de la muralla medieval, calles estrechas llenas de pequeños comercios y edificios que recuerdan la importancia que tuvo el regreso de los indianos durante los siglos XIX y XX.
Uno de los mayores atractivos consiste en recorrer la villa sin un itinerario cerrado. Cada calle desemboca en una plaza diferente, una sidrería tradicional o un rincón desde el que se escucha el mar.
El paseo de San Pedro ofrece probablemente una de las mejores panorámicas de toda la costa oriental asturiana. Caminar sobre este antiguo paseo defensivo permite contemplar el Cantábrico desde una perspectiva privilegiada mientras el perfil de la Sierra del Cuera aparece al fondo.
Muy cerca se encuentran los famosos Cubos de la Memoria, una intervención artística que transformó el dique del puerto en una obra al aire libre. Más allá de su valor estético, representan la unión entre tradición marinera y arte contemporáneo, una combinación poco habitual en pueblos costeros de estas dimensiones.
Qué hacer en Llanes además de pasear
Uno de los errores más frecuentes consiste en visitar Llanes únicamente durante unas horas.
La villa merece dedicarle al menos un día completo para descubrir lugares que muchos visitantes pasan por alto.
Puedes recorrer el mercado semanal si coincide con tu visita, acercarte hasta la playa del Sablón caminando desde el centro histórico o descubrir algunas de las numerosas casas indianas repartidas por el municipio.
Y, por supuesto, reservar tiempo para la gastronomía.
En lugar de buscar únicamente restaurantes con vistas, merece la pena dejarse recomendar por los propios vecinos. En muchas ocasiones los establecimientos menos llamativos desde el exterior esconden algunas de las mejores fabadas, pescados del Cantábrico o arroces de marisco de toda la comarca.
Ribadesella: mucho más que el Descenso Internacional del Sella
Para muchas personas, Ribadesella está asociada únicamente al famoso descenso del río Sella. Sin embargo, quien la visita fuera de esa fecha descubre una localidad elegante, tranquila y sorprendentemente variada.
Lo primero que llama la atención es cómo conviven dos ambientes muy distintos separados por el puente.
Por un lado aparece el casco histórico, donde abundan las calles estrechas, las fachadas tradicionales y los pequeños establecimientos familiares.
Al otro lado se abre el paseo marítimo junto a la playa de Santa Marina, presidido por algunas de las casas indianas más espectaculares de Asturias.
Caminar por este paseo al atardecer permite entender por qué tantos viajeros repiten una y otra vez este destino.
No se trata únicamente de las vistas. La luz cambia constantemente sobre el mar y convierte cada momento del día en una fotografía distinta.
Un patrimonio que va mucho más allá del mar
Muy cerca del núcleo urbano se encuentra uno de los yacimientos prehistóricos más importantes del norte de España: la Cueva de Tito Bustillo.
Aunque muchas personas llegan atraídas por la playa, descubrir este patrimonio permite comprender que el territorio lleva miles de años siendo un lugar privilegiado para vivir.
La combinación entre patrimonio natural, historia y gastronomía convierte a Ribadesella en una parada imprescindible para quienes desean conocer el oriente asturiano desde una perspectiva más completa.
Además, desde aquí parten numerosas rutas para recorrer la desembocadura del Sella, caminar por los acantilados cercanos o visitar pequeños pueblos del interior que suelen quedar fuera de las rutas más conocidas.
Lastres: un balcón permanente sobre el Cantábrico
Pocos pueblos poseen una imagen tan reconocible como Lastres.
Construido sobre una ladera que desciende hacia el puerto pesquero, recorrer sus calles implica aceptar que habrá cuestas. Muchas cuestas.
Pero precisamente esa disposición es la responsable de algunas de las mejores vistas del litoral asturiano.
Cada esquina parece abrir una ventana diferente hacia el Cantábrico.
Las calles empedradas, las viviendas tradicionales y las escalinatas que conectan los distintos niveles del pueblo forman un conjunto urbano que ha sabido conservar gran parte de su esencia.
Aunque alcanzó una enorme popularidad tras convertirse en escenario de televisión hace algunos años, Lastres sigue manteniendo una identidad muy ligada al mar.
Todavía hoy es habitual ver llegar pequeñas embarcaciones al puerto mientras las terrazas comienzan a llenarse de viajeros que buscan probar pescado fresco o marisco capturado pocas horas antes.
Un consejo para disfrutar Lastres de verdad
Muchos visitantes llegan al mediodía, recorren las dos calles principales y continúan su ruta.
Sin embargo, merece la pena madrugar o llegar a última hora de la tarde.
Es entonces cuando disminuye la afluencia de visitantes y el pueblo recupera ese ambiente tranquilo que permite apreciar mejor sus detalles: las conversaciones entre vecinos, el olor a salitre que asciende desde el puerto o la tranquilidad con la que transcurre la vida cotidiana.
Además, desde el cercano mirador de San Roque se obtiene una de las panorámicas más espectaculares de todo el litoral oriental asturiano.
No es casualidad que muchos fotógrafos esperen allí la puesta de sol.
Tazones: un pequeño puerto con mucha historia
Aunque pertenece al concejo de Villaviciosa, Tazones suele formar parte de cualquier ruta por el oriente asturiano.
Y tiene motivos suficientes para ello.
Es uno de esos pueblos que se recorren en poco tiempo, pero permanecen mucho después en la memoria.
Su puerto conserva el carácter de las antiguas villas pesqueras del Cantábrico. Las casas de colores, los balcones de madera y las estrechas calles que descienden hacia el mar crean un conjunto especialmente fotogénico, aunque su mayor valor reside en que continúa siendo un pueblo con actividad pesquera.
Pasear por Tazones es descubrir pequeños detalles: redes secándose al sol, embarcaciones regresando a puerto o restaurantes que elaboran pescado procedente de las capturas del día.
Pero también es un lugar cargado de historia.
Aquí desembarcó el futuro emperador Carlos I de España en 1517 antes de iniciar el viaje que cambiaría la historia de la monarquía hispánica. Un episodio que todavía forma parte de la identidad del pueblo y que añade una dimensión histórica a una visita que muchos realizan únicamente atraídos por su belleza.
En la segunda parte de esta ruta continuaremos descubriendo algunos de los pueblos con más encanto del oriente asturiano, incluyendo lugares menos conocidos que conservan intacta su personalidad y que constituyen excelentes excursiones para quienes se alojan en La Llosa de Villahormes.
Nueva de Llanes: un pueblo que invita a bajar el ritmo
Hay pueblos que llaman la atención desde el primer momento por un monumento o un paisaje espectacular. Nueva de Llanes conquista de otra manera. Lo hace poco a poco.
Situado a pocos minutos de La Llosa de Villahormes, este pueblo conserva esa atmósfera tranquila que muchos viajeros buscan cuando deciden alojarse en una casa rural. Sus calles invitan a pasear sin prisa, descubriendo casonas indianas, pequeñas plazas y negocios familiares que forman parte de la vida cotidiana del municipio.
Uno de sus mayores atractivos es su ubicación. Desde Nueva es posible acceder fácilmente a algunas de las playas más espectaculares del concejo de Llanes, como Cuevas del Mar, San Antonio o la playa de Guadamía, famosa por el espectacular bufón que se forma cuando el mar golpea con fuerza el sistema kárstico de la costa.
Sin embargo, lo más interesante es utilizar Nueva como punto de partida para recorrer el entorno caminando o en bicicleta. Los caminos rurales permiten descubrir prados, bosques y pequeñas aldeas que rara vez aparecen en las guías de viaje.
Si disfrutas viajando sin prisas, este es uno de esos lugares donde entenderás que Asturias no siempre necesita grandes monumentos para dejar huella.
Porrúa: tradición asturiana en estado puro
A pocos kilómetros de Llanes se encuentra uno de esos pueblos que representan la esencia de la Asturias rural.
Porrúa ha sabido conservar su arquitectura tradicional, sus hórreos, sus casas de piedra y una relación muy estrecha con el paisaje que lo rodea.
Caminar por sus calles permite comprender cómo era la vida en los pueblos asturianos antes de la llegada del turismo. Aquí todavía se percibe una estrecha conexión con la actividad ganadera y agrícola, algo que aporta autenticidad a la visita.
Uno de los lugares más interesantes es el Museo Etnográfico del Oriente de Asturias, donde se puede conocer cómo vivían las familias de esta comarca hace apenas unas décadas. Lejos de ser una colección de objetos antiguos, ayuda a entender costumbres, oficios y tradiciones que siguen formando parte de la identidad local.
Porrúa también resulta ideal para quienes disfrutan de la fotografía. La combinación de montañas al fondo, construcciones tradicionales y paisajes verdes ofrece imágenes que representan perfectamente el carácter del oriente asturiano.
No hace falta dedicar un día entero a su visita. Basta con recorrerlo despacio, conversar con algún vecino y detenerse a observar esos pequeños detalles que convierten un pueblo en un lugar con personalidad.
Bulnes: donde el silencio todavía tiene protagonismo
Pocos pueblos generan tanta curiosidad como Bulnes.
Durante décadas solo podía accederse caminando por un sendero de montaña. Hoy existe un funicular que facilita la llegada, aunque sigue siendo uno de los lugares más singulares de Asturias.
Lo primero que sorprende es el silencio.
No circulan coches por sus calles y eso transforma completamente la experiencia del visitante.
Las casas de piedra, los caminos empedrados y el sonido del río crean una sensación difícil de encontrar en otros destinos turísticos.
Bulnes no destaca únicamente por su belleza. También es la puerta de entrada a uno de los territorios más impresionantes de la cordillera Cantábrica: los Picos de Europa.
Muchos montañeros utilizan el pueblo como punto de partida para realizar rutas de diferente dificultad, mientras otros simplemente disfrutan del entorno sin necesidad de emprender largas caminatas.
Si decides visitarlo, conviene hacerlo con tiempo.
No es un lugar para llegar con prisas, hacer una fotografía y marcharse.
Lo realmente interesante consiste en sentarse unos minutos, observar la vida del pueblo y dejar que el paisaje haga el resto.
Cangas de Onís: historia, naturaleza y tradición
Hablar del oriente asturiano es hablar inevitablemente de Cangas de Onís.
Aunque suele ser una de las localidades con mayor afluencia de visitantes, sigue mereciendo una parada por motivos que van mucho más allá de su famoso puente.
Su importancia histórica es enorme. Fue la primera capital del Reino de Asturias y un lugar clave para comprender los orígenes de la historia medieval de la península.
El conocido Puente Romano —que en realidad es medieval— se ha convertido en uno de los iconos turísticos más fotografiados de Asturias gracias a la Cruz de la Victoria que cuelga de su arco principal.
Sin embargo, limitar la visita a este monumento sería un error.
El mercado dominical, las queserías cercanas, las sidrerías tradicionales y la proximidad al Santuario de Covadonga convierten la localidad en un excelente punto de partida para seguir explorando el territorio.
Desde aquí también resulta muy sencillo acceder a los Lagos de Covadonga, uno de los paisajes naturales más conocidos del norte de España.
Eso sí, especialmente durante el verano, conviene planificar la visita con antelación debido a las restricciones de acceso por carretera.
Una ruta de varios días para descubrir el oriente asturiano desde La Llosa de Villahormes
Una de las grandes ventajas de alojarse en La Llosa de Villahormes es su ubicación estratégica.
En lugar de cambiar de alojamiento cada noche, puedes establecer aquí tu base y recorrer cómodamente algunos de los pueblos más bonitos del oriente asturiano realizando excursiones de ida y vuelta.
Un primer día puede dedicarse a descubrir Villahormes, caminar hasta la playa de La Huelga y acercarse a Nueva de Llanes.
La segunda jornada permite recorrer Llanes con calma, visitar alguno de sus miradores y terminar el día contemplando el atardecer junto al mar.
El tercer día puede centrarse en Ribadesella y continuar hasta Lastres, disfrutando tanto del patrimonio histórico como de la gastronomía marinera.
Otra excelente opción consiste en dedicar una jornada al interior, visitando Cangas de Onís, Covadonga y alguno de los pequeños pueblos de montaña que salpican el camino.
Y si buscas una experiencia diferente, reservar un día para Bulnes supone descubrir una Asturias completamente distinta, donde la naturaleza y la tranquilidad siguen marcando el ritmo.
Esta forma de viajar tiene una ventaja evidente: permite conocer el territorio sin prisas, evitando desplazamientos innecesarios y disfrutando de cada lugar con el tiempo que merece.
Algunos consejos para disfrutar estos pueblos como un viajero y no como un turista
Las mejores experiencias rara vez aparecen señaladas en un mapa.
Madrugar suele marcar la diferencia. Los primeros momentos de la mañana permiten descubrir plazas vacías, puertos donde comienza la actividad pesquera y calles que todavía conservan la tranquilidad antes de la llegada de visitantes.
También merece la pena desviarse de las rutas principales. En Asturias, muchas veces basta con caminar una calle más allá de la zona comercial para encontrar rincones auténticos donde continúa desarrollándose la vida cotidiana.
Otra recomendación es apostar por el comercio local. Comprar en pequeñas panaderías, queserías, tiendas de artesanía o mercados tradicionales contribuye a mantener vivo el tejido económico de estos pueblos y permite llevarse productos con una historia detrás.
Por último, conviene recordar que buena parte del atractivo del oriente asturiano reside precisamente en su equilibrio entre naturaleza y tradición. Respetar los senderos, reducir el impacto ambiental y disfrutar del entorno con calma es la mejor forma de contribuir a que estos lugares conserven su esencia.
Un viaje que siempre invita a volver
El oriente de Asturias no se agota en un fin de semana.
Cada estación transforma el paisaje, cada pueblo ofrece una experiencia diferente y siempre queda un camino por recorrer, una playa por descubrir o una sidrería donde detenerse.
Quizá esa sea la razón por la que tantos viajeros regresan una y otra vez.
No buscan únicamente visitar lugares bonitos. Buscan recuperar una forma de viajar más pausada, donde el destino se descubre conversando con la gente, caminando sin horarios y dejando espacio para la sorpresa.
Si estás preparando tu próxima escapada y quieres conocer algunos de los pueblos más bonitos del oriente asturiano desde un alojamiento tranquilo, rodeado de naturaleza y perfectamente situado para explorar la costa y el interior, La Llosa de Villahormes es el punto de partida ideal.
Porque las mejores rutas no siempre son las que aparecen en las guías. Muchas comienzan simplemente abriendo la puerta de un alojamiento y dejándose llevar por la carretera.
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