Ruta de Madrid a Villahormes
Viajar desde Madrid hasta Villahormes, en el concejo de Llanes (Asturias), supone recorrer aproximadamente 470 kilómetros por la A-1, A-231 y A-66 hasta conectar con la A-8. El trayecto dura alrededor de cinco horas sin paradas, pero hacerlo sin detenerse significa perder algunos de los paisajes y localidades más interesantes del norte de España.
Este recorrido atraviesa Castilla y León antes de adentrarse en la Cordillera Cantábrica y llegar a la costa asturiana. Son muchos los viajeros que convierten el desplazamiento en parte de sus vacaciones gracias a varias paradas que realmente merecen la pena.
Primera parada: Lerma, una villa monumental con sabor castellano
A poco más de dos horas de Madrid aparece Lerma, en la provincia de Burgos. Su ubicación junto a la autovía la convierte en una parada muy cómoda.
El protagonista de la localidad es la Plaza Mayor, una de las plazas porticadas más grandes de España. Desde allí parten las calles que conducen al Palacio Ducal, hoy convertido en Parador Nacional.
Merece la pena pasear por sus soportales, entrar en la Colegiata de San Pedro y recorrer sus miradores sobre el río Arlanza.
Si el viaje coincide con la mañana, es un buen lugar para desayunar o tomar un café antes de continuar.
Burgos, una ciudad que siempre merece unas horas
Apenas cuarenta minutos después se llega a Burgos.
Aunque una visita completa requiere un día entero, dedicar dos o tres horas permite conocer algunos de sus lugares más emblemáticos.
La Catedral de Burgos, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO, es una de las grandes joyas del gótico europeo. Su fachada, las agujas y el cimborrio justifican por sí solos la parada.
Después puede recorrerse el Paseo del Espolón, cruzar el río Arlanzón y acercarse al Arco de Santa María.
Quien disponga de algo más de tiempo puede subir hasta el Castillo de Burgos para contemplar una magnífica panorámica de toda la ciudad.
Frómista queda cerca si decides desviarte
Aunque no está sobre la ruta principal, Frómista se encuentra a unos treinta minutos de la autovía.
Es una de las localidades más conocidas del Camino de Santiago y alberga la iglesia de San Martín, considerada una de las mejores construcciones del románico español.
El desvío merece la pena especialmente para los amantes del patrimonio histórico.
Carrión de los Condes y el Camino de Santiago
Otra alternativa para quienes disfrutan del turismo cultural es Carrión de los Condes.
La localidad conserva un importante conjunto monumental relacionado con el Camino Francés.
La iglesia de Santiago, el monasterio de San Zoilo y las calles por donde transitan miles de peregrinos cada año ofrecen una imagen muy distinta a la de las grandes ciudades.
Sahagún, donde se une historia y gastronomía
Continuando hacia León aparece Sahagún.
Esta localidad es conocida por su arquitectura mudéjar, poco habitual en el norte de España.
Las iglesias de San Tirso y San Lorenzo destacan por sus construcciones de ladrillo, mientras que la plaza Mayor invita a detenerse para tomar un aperitivo.
Además, Sahagún es un buen lugar para descubrir la gastronomía tradicional leonesa.
León, una parada imprescindible antes de entrar en Asturias
León es probablemente la ciudad más recomendable de todo el recorrido.
La Catedral de Santa María es famosa por sus impresionantes vidrieras, consideradas entre las mejores del mundo.
Muy cerca se encuentra la Basílica de San Isidoro, conocida como la Capilla Sixtina del Románico.
Otro rincón imprescindible es el Barrio Húmedo.
Aquí abundan las pequeñas tabernas donde degustar embutidos leoneses, cecina, morcilla o croquetas acompañadas de una bebida.
Si el viaje se realiza con calma, merece la pena reservar aquí la comida.
El puente de Villarente
Al abandonar León se cruza el histórico puente medieval de Villarente.
Aunque muchos viajeros pasan sin detenerse, constituye uno de los pasos tradicionales del Camino de Santiago.
La Reserva de la Biosfera del Alto Bernesga
Poco después comienzan a aparecer los paisajes de montaña.
La Reserva de la Biosfera del Alto Bernesga ofrece bosques de hayas, robles y praderas que anuncian la llegada de la Cordillera Cantábrica.
Dependiendo de la época del año, los colores cambian completamente.
En primavera predominan los verdes intensos.
Durante el otoño aparecen algunos de los paisajes más espectaculares del norte de España.
Puerto de Pajares, una de las grandes puertas de Asturias
El Puerto de Pajares ha sido históricamente la principal entrada a Asturias.
Aunque la mayoría de los vehículos utilizan actualmente la autopista AP-66 y el túnel del Negrón, quienes prefieran circular por la carretera nacional disfrutarán de un recorrido lleno de miradores.
Desde distintos puntos pueden contemplarse los valles leoneses y asturianos.
En días despejados las vistas son espectaculares.
Durante el invierno conviene consultar siempre el estado de la carretera debido a la nieve.
Parque Natural de Las Ubiñas-La Mesa
Al entrar en Asturias aparece uno de los espacios naturales más importantes del Principado.
El Parque Natural de Las Ubiñas-La Mesa, declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO, alberga algunas de las montañas más impresionantes de la Cordillera Cantábrica.
Aunque el parque requiere una visita específica, atravesar esta zona ya permite contemplar un paisaje completamente diferente al de Castilla.
Los bosques, las cumbres y los pequeños pueblos de montaña acompañan gran parte del recorrido.
Mieres, una parada diferente
Mieres suele pasar desapercibida para muchos viajeros.
Sin embargo, ofrece una buena oportunidad para conocer la historia minera de Asturias.
Su casco urbano reúne arquitectura industrial, plazas animadas y numerosos establecimientos donde probar la gastronomía local.
Oviedo, la capital asturiana siempre merece una visita
Antes de dirigirse hacia la costa conviene valorar una parada en Oviedo.
Su casco histórico es uno de los mejor conservados del norte de España.
La Catedral de San Salvador, la plaza del Fontán y las calles peatonales permiten descubrir una ciudad tranquila y muy agradable para pasear.
También es recomendable acercarse al Monte Naranco para visitar Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, dos auténticas joyas del prerrománico asturiano declaradas Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Ribadesella, la puerta oriental de Asturias
Desde Oviedo la A-8 conduce hasta Ribadesella.
Muchos viajeros aprovechan para detenerse unas horas antes de llegar a su alojamiento.
Su paseo marítimo, la playa de Santa Marina y el casco histórico forman uno de los conjuntos más bonitos del litoral asturiano.
Si se dispone de tiempo, merece la pena acercarse a la Cueva de Tito Bustillo, uno de los grandes referentes del arte rupestre paleolítico en Europa. Las visitas deben reservarse con antelación.
Mirador del Fitu, una pequeña desviación con una gran recompensa
Entre Colunga y Arriondas se encuentra el Mirador del Fitu.
Supone un pequeño desvío desde la A-8, pero las vistas compensan el tiempo invertido.
Desde su plataforma se observa buena parte de la costa oriental asturiana y, al mismo tiempo, los Picos de Europa.
Es uno de los miradores más conocidos de Asturias.
Llegada a Villahormes
Los últimos kilómetros transcurren entre prados, pequeñas aldeas y el paisaje característico del oriente asturiano.
Villahormes pertenece al concejo de Llanes y conserva la tranquilidad de los pueblos rurales de la costa.
Desde aquí resulta muy sencillo visitar algunas de las playas más conocidas del municipio, como Playa de Gulpiyuri, Playa de San Antolín o Playa de Torimbia, además de recorrer la senda costera de Llanes y descubrir localidades como Nueva de Llanes, Celorio o el propio Llanes.
Un viaje donde el camino también forma parte de las vacaciones
Ir de Madrid a Villahormes no tiene por qué ser únicamente un desplazamiento.
Convertir el trayecto en una ruta permite descubrir ciudades monumentales como Burgos y León, disfrutar de paisajes de montaña en la Cordillera Cantábrica, contemplar espacios naturales reconocidos por la UNESCO y terminar el viaje respirando el aire del mar Cantábrico.
Con una buena planificación, cada parada añade valor a la experiencia y hace que las vacaciones comiencen mucho antes de llegar al alojamiento.
